sábado, 14 de septiembre de 2013

Diario de Viaje Países Bálticos: Jornada 5 - Tallin

Hoy es 22 de Agosto de 2013.

Son las 7:30, y es hora de levantarse. Han sido muchos Kms hasta llegar a Tallin, y nos espera un día entero para conocerla. Primero, lógicamente, hay que cargar energías, y el desayuno-buffet del hotel no tiene desperdicio, con muchas más opciones, si cabe, que en Riga, y un salón más grande y por lo tanto sin los problemas de buscar, esperar y cojer sitio. Comienza bien el día.

Tras reponer fuerzas, nos montamos en el bus y comienza nuestra visita turística con un primer paseo panorámico, primero rodeando el casco antiguo, alrededor de su muralla medieval, para luego ir saliendo a las afueras del casco histórico. Llegamos a los alrededores de Kadriorg, un parque enorme, con jardines inmensos, preciosos, y cuyo principal atractivo es el palacio de los zares, Pedro y Catalina. No daré muchos más detalles, ya que esta zona la visitaremos mañana, así que hasta aquí puedo leer...

Nuestra visita en bus acaba en Pirita, zona marítima, situada a 2Kms de Tallin, desde donde se pueden disfrutar de unas vistas magníficas de la ciudad, tanto la parte antigua, como la moderna, o disfrutar de la playa (no penséis en playas de arenas finas como las nuestras, en Cádiz, sino el concepto de playa, de acumulación de agua para bañarte... y poco más). Como curiosidad, Pirita, es decir, Tallin, fue subsede olímpica, en los juegos olímpicos de Moscú 1980, concretamente la sede de la competición de vela. Aún hoy está activo el puerto marítimo, y las instalaciones donde se alojaron los deportistas, hoy en día la mayoría son hoteles.



Regresamos a Tallín ciudad, a su casco histórico, para ya andando, conocer todo lo que esta parte de la ciudad tiene que mostrarnos. Indicar que el casco histórico de Tallin se conserva como fue construida en su origen, haya por el siglo XIII, cuando en 1219 los daneses ocuparon la zona, de hecho, Tallin, en estonio significa ciudad danesa. El casco urbano del centro de la ciudad se divide en dos, la parte alta, situada en una pequeña colina (la zona alta se denomina Troompea) y la parte baja, a los pies de dicha colina. Comenzamos nuestro paseo por la parte alta, donde visitamos en primer lugar la catedral ortodoxa rusa del siglo XIX, de Alejandro Nevski. Es llamativa por sus cúpulas y los mosaicos de la fallada. Ya dentro, está llena de iconos de familias nobles de la ciudad. Justo enfrente de la catedral, en la misma plaza, se situa el palacio del gobierno, donde se encuentra el parlamento del país. En la actualidad lo están reformando, pero aún así se ve un edificio precioso.




Continuando nuestro callejear, llegamos a través de calles estrechas y asfaltadas con piedra, como suelen ser las calles medievales, a la Plaza de la Iglesia, llamada así porque es donde se encuentra la Catedral de María, de características luteranas, y que data entre los siglos XV y XVIII. En su interior están sepultados personajes importantes de la ciudad. Llama la atención los numerosos escudos hechos de madera, que llenan las paredes del interior de la iglesia, por lo demás, poco detallista.



Seguimos nuestro recorrido a través de las calles preciosas de Tallin, y llegamos a uno de los varios miradores que tiene la ciudad en esta parte alta del casco antiguo. Las vistas son increíbles. Llenos de gente, turistas, realizando la foto individual, de pareja o grupo, característica, con las torres de iglesias y edificios antiguos, en un primer plano, con la silueta de los edificios modernos al fondo. Hay que verlo.



Tras el mirador, bajamos por una calle de escalones a través de la muralla de la ciudad, para llegar a la parte baja, donde seguimos nuestro recorrido, entrando en la ciudad medieval a través de una de las puertas antiguas, aún en pie, de dicha época, y que aún conserva su estructura inicial, incluyendo sus torres, las cuales protegían la entrada de la ciudad. A partir de aquí, explicar como es el centro de Tallín es un intento fallido por mi parte. Edificios preciosos, antiguos, algunos mejor conservados que otros, calles únicas, e iglesias y edificios imponentes. Llama la atención el pasaje de Santa Catalina, un pasaje, una calle, a la cual se accede a través de una puerta en un edificio, y que te lleva directamente a un viaje en el tiempo, muy coqueta, muy bien cuidada, y en cuyas paredes, de la calle, están expuestas trozos de piedra original de la catedral, varias veces destruida, y reconstruida, por lo que se ve.






Nuestra visita guiada, termina en la plaza del ayuntamiento. Si bonito ha sido llegar hasta aquí, esta plaza ya es lo máximo. Antigua plaza del mercado (en época medieval), es el corazón de la ciudad, del casco histórico, todas las calles llevan a ella, y es el punto de unión de todo lo demás. En la torre del ayuntamiento (que parece una iglesia) se puede ver una veleta, símbolo de la ciudad, y que tiene el nombre popular de Tomás el Viejo. La plaza está llena de vida, rodeada de bares, restaurantes y tiendas de recuerdos y souvenirs, y llena, llena de gente de muchos lugares. Esta plaza tiene magia, tiene algo especial. Me encanta.




Una vez llegados aquí, tenemos que reponer fuerzas, primero entrando en un bar, especializado en cervezas, donde probamos la cerveza con miel, bueno, prueban, que a mi la cerveza no me llama la atención, pero dicha cerveza es originaría de aquí, y es típico probarla, entre muchas otras. Posteriormente, ya con idea de almorzar, entramos en un restaurante irlandés, recomendados por unos compañeros del viaje, a los cuales acompañamos. Quizás no sea un restaurante local, estonio quiero decir, pero la comida está muy buena, y el precio decente. Todos salimos muy contentos de dicho restaurante.

Seguimos nuestro recorrido, visitando aquellas zonas que aún no conocemos, como otra entrada a la ciudad medieval, donde hay una torre más baja que las demás, pero más grande, más ancha. Se denomina, Margarita la Gorda. Visitamos la iglesia Oleviste, ó de San Olaf, consagrada al rey Olaf II de Noruega, durante el siglo XII, tiempo en el que fue considerado el edificio construido por el hombre, más alto del mundo conocido, con una torre de más de 120 metros. Fue el centro de la ciudad, hasta su conquista por los daneses, en 1219. También visitamos la farmacia del municipio, situada en la plaza del ayuntamiento, y que data de 1422, siendo una de las pocas farmacias que siguen funcionando desde el medievo, y por tanto considerada una de las más antiguas del mundo. Tras visitar de nuevo el barrio alto, para ver otra vez, ya con menos gente esta parte de la ciudad (indicar que los cruceros de turistas se suelen ir a las 5 de la tarde, y las calles de la ciudad se quedan mucho más vacías a partir de esas horas), finalizamos nuestra visita en el mirador del hotel Seridon, un hotel de reciente creación, fuera del casco antiguo, fuera de las murallas medievales, pero muy cerca de dichas calles, y en cuya planta 24 tiene un bar al aire libre, desde como os podéis imaginar por las alturas, hay unas vistas increíbles de todo el golfo de Finlandia (recordar que estamos a tan sólo 80Kms de Helsinki, aunque lógicamente, por muy alto que estemos, no se ve). Nos recomendaron este lugar para visualizar la puesta de sol, para ver como se esconde el sol en el horizonte del mar Báltico, dejando a toda la ciudad antigua con una luz anaranjada de fondo, que junto a las líneas de la ciudad, con todas sus torres e iglesias, o incluso la formada por la muralla de la ciudad, dan una visión increíble, fantástica, de la ciudad, lo cual acaba por conquistar al visitante, al menos conmigo lo ha conseguido, si ya de por sí su casco antiguo medieval ya no lo hubiera realizado durante el día.





Tras esta increíble puesta de sol, única, nos dirigimos de nuevo a nuestro hotel, para descansar y recuperar fuerzas para el día siguiente, también en Tallín. Tenemos intención de visitar Kadriorg, como comenté anteriormente, pero ya os daré más detalle manaña.

Hasta la próxima Bloxperiencia.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Diario de Viaje: Países Bálticos: Jornada 4 - Riga - Sigulda - Turaida - Cuevas de Gutmanís - Parnü - Tallin

Hoy es 21 de Agosto de 2013.

6:30 --- Arriba!!!!! Sí, a las 6:30. Hoy tenemos día de autobús, por lo que hay que levantarse temprano. Además, tras la experiencia de ayer en el desayuno, queríamos estar a las 7, de los primeros, en el restaurante del hotel, cuando abren, pero nuestro gozo en un pozo. Hay una excursión de alemanes alojados en el hotel, que deben irse también temprano, porque sino no entiendo como pueden estar haciendo cola ya a las 7, desde la salida del ascensor.... Bueno, con la experiencia de ayer aprendida, cojemos sitio antes de elegir la comida, y una vez con sitio, con más tranquilidad, nos disponemos a elegir cada uno lo que desea de las diferentes opciones que tenemos y de este modo almacenar fuerzas para el largo día que tenemos por delante.

Hoy abandonamos Riga, y Letonia en general, haremos noche ya en Estonia, en su capital, Tallin, pero previo a la llegada final, haremos varias paradas. El primer lugar que visitamos, yendo ya en autobús por la autovía A2 es Sigulda, situada a 26 Kms de Riga. A medida que salimos de la capital letona, tomo conciencia de su gran tamaño, y de lo extenso de su territorio. Ayer, viendo sólo su casco histórico pensé que no era tan grande, pero está visto que me equivoqué. Grandes avenidas, grandes palacios y edificios, la mayoría estatales para uso del gobierno, y zonas industriales abandonadas, con viejas factorías de producción industrial de la época comunista soviética, como digo hoy en día abandonadas.

Poco a poco, vamos dejando atrás Riga, y vamos llegando a Sigulda. La autovía es amplía, pero mal asfaltada, nada que ver con las autovías españolas (para que luego nos quejemos)... eso sí, el paisaje es espectacular, bosques, bosques, y más bosques. Todo es verde por aquí. Ah!!! no he dicho que hoy ha salido el sol, no llueve, cosa milagrosa. Según nos comenta nuestro guía es complicado acertar la climatología en Letonia, y pocos días de verano son los que no llueve al menos un poco (o un mucho, como ayer, jejeje), así que, oh! milagro, aprovechemos el día de hoy.

Como digo nos dirigimos a Sigulda y Turaida, dos poblaciones pequeñas situadas en el parque natural del río Gauja, en el norte del país. Es una zona en la que antiguamente vivían los príncipes, tanto alemanes, como rusos, y tienen por tanto varios castillos para visitar. Nuestra primera parada es en la iglesia de Sigulda, luterana, muy simple, hecha casi toda de madera, y muy, muy austera, además de ser muy pequeña, parece una capilla. Tras esta visita, recorremos parte del parque natural (increíble lo verde que está todo y la belleza de sus bosques, inmensos, se pierden los árboles hacía el infinito...), para dirigirnos hacia el castillo de Turaida.




Es un hermoso castillo medieval, de estilo gótico, construido en 1214. A destacar la iglesia de madera más antigua de la zona, así como su cementerio, donde se encuentra la tumba de Maija, la llamada Rosa de Turaida. Cuenta la leyenda, que una niña huerfana fue encontrada después de una cruenta batalla al principio de las guerras suecas, en 1601, y fue criada por el personal del castillo. Al crecer, ella se enamoró del hijo del jardinero, y se reunían en una cueva (que visitaremos luego) para dar rienda suelta a su amor. Al final de las guerras suecas, en 1620, un soldado desertor polaco pidió asilo en Turaida, y al ver a la joven Maija, se enamoró de ella, y le pidió que se fuera con él a Polonia. Como ella lo rechazó, él no soportó que lo dejara por un simple jardinero, y acabó con la vida de la joven y bella Maija. La enterraron en estos parajes, y hoy día es lugar de peregrinación de las parejas enamoradas letonas, que desean con su visita que su amor se prologue como el de Majia y Víctor (el hijo del jardinero), y lógicamente se ha convertido en un sitio muy turístico.




Hay que decir del castillo, que gran parte de él, ya se ha recuperado, en concreto más del 40% de su estado original, cuando en él vivía el Obispo de Turaida.

Tras visitar el castillo, nos dirigimos al lugar donde Maija y Víctor se veían a escondidas. Vamos en bus, aunque se encuentre a sólo 1 Km de Turaida. Situada entre sus bosques, hay una oquedad, un orificio (yo no lo puedo llamar cueva) donde se encontraban los dos enamorados, a escondidas de los demás. Dicho lugar se llama Las Cuevas de Gutmanís, y es la cueva más profunda en los Países Bálticos (pues menos mal, los bálticos fliparan con las cuevas de Altamira, por ejemplo, que si son cuevas como Dios manda... esto es un boquete muy grande en una ladera de un monte, pero bueno, no le quitemos el encanto al lugar...). Tiene 19 metros de profundidad. Llama la atención como en las paredes de la cueva hay firmas en la piedra por todos lados, firmas de gente que ha pasado por allí, como esculpidas en la roca (fácil de modificar por lo que se ve, yo lo intenté con las manos y no pude hacer nada, se ve que hará falta alguna herramienta punzante...) Hay firmas que datan de 1795 hasta nuestros días, sobre todo de parejas enamoradas, con sus nombres dentro de corazones, como enamorados por siempre, al igual que nuestros personajes de la leyenda, Maija y Víctor.




Tras tanta visita, y tanto amor, ya tenemos mariposas en el estomago, pero por hambre, son las 1 de la tarde, y nos dirigimos a comer. El lugar elegido es un restaurante familiar, llamado El jardín del Sol, donde en honor al astro rey, todas las camareras van vestidas de amarillo, menos una, de negro, que sería la jefa, digo yo, ya que era la que tomaba nota. Se comió muy bien. Sopa de verduras y carne de entrada, pescado con verduras y patatas de primer plato, y postre, helado con trozos de melón, sandía y uva. Además, se nos invitó a un chupito de licor de Riga, un licor con grado de alcohol muy alto, superior al 40%, pero por lo visto muy bueno para aliviar muchas enfermedades, ya que está realizado entre 26 tipos de hierbas medicinales. Al terminar de almorzar la gracia estuvo en que algunos se fijaron en la cantidad de manzanos que había plantados en la finca del restaurante, y al guía no se le ocurre otra cosa que decir que son comestibles y que podemos coger alguna. No hombre no!!!, a un grupo de españoles no les digas que pueden tomar algo gratis, porque lo cogerán, jejejeje... y allí que nos pusimos casi todos, todos mejor dicho a coger manzanas, casi todas verdes, ácidas, pero buenas dentro de lo que cabe. Pues nada, manzanas como segundo postre.



Con el estomago ya callado, nos montamos de nuevo en el autobús, donde nos esperan dos horas de viaje hacia nuestra siguiente parada, ya en Estonia, la localidad costera de Parnü. Estas dos horas transcurren a través de una autovía que en España sería casi una carretera comarcal, atravesando pequeños pueblos, muy mal asfaltada, pero de nuevo, compensada con unos paisajes preciosos, siempre rodeados por bosques, ríos y verde, mucho verde.

Parnü es un pequeño pueblo marítimo, al sur de Estonia, el cual es muy visitado en verano. Es un pueblo muy pequeño, con las típicas casas de madera de estos lares, cada una de un color distinto a la de al lado, muy coqueto. Es un sitio muy concurrido por aquellos estonios que tienen en este lugar de veraneo, su segunda casa, la de verano logicamente. También vienen a este pueblo muchos finlandeses y rusos, que aún tienen sus casas de la época de la unión soviética, muy baratas económicamente en el momento de la independencia de Estonia, y auténticas gangas para las economía de los paises ricos de la zona.

Paramos un ratito e incluso bajamos a la playa, de arena fina, y de aguas muy, muy poco profundas, es mas parecido a un lago, aunque no lo sea, estamos hablando del Mar Báltico. Yo me metí hasta las rodillas, y para ello tuve que andar bastantes metros. No estuvimos más de 20 minutos en la playa de Parnü.




Vamos tarde, son ya las 6 de la tarde, y aún quedan más de 2 horas en bus para llegar a Tallin. Las carreteras de Estonia parecen mejor condicionadas que las de Letonia, al menos están mejor asfaltadas. Sobre las 20:30 el autobús nos deja en nuestro hotel de Tallin. Está a las afueras, cerca del aeropuerto, pero con un centro comercial al lado, que nos permitirá comprar comida o comer en sus restaurantes, y tenemos justo enfrente una parada de bus que lleva directamente al centro, por lo que no nos desagrada estar lejos del centro, pero como ya es muy tarde y tenemos la cena preparada de antemano porque no sabíamos a que hora íbamos a llegar y que nos encontraríamos, nos quedamos en el hotel, descansamos de tantos kilómetros en autobús, y nos preparamos para visitar y conocer mañana Tallín, la cual espero nos reciba sin lluvia, la cual hoy nos ha respetado.

Hasta la próxima Bloxperiencia.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Diario de Viaje: Países Bálticos - Jornada 3 - Riga

Hoy es 20 de Agosto de 2013

Son las 7:20. Suena el despertador. Comienza el día en el que conoceremos con profundidad la parte centrica de la capital de Letonia, Riga. Esta ciudad a lo largo de su historia ha estado bajo dominio alemán, sueco, ruso, e incluso danés, por lo que la mezcla de culturas es impresionante.

Lo malo del día es que el concepto de verano al que estamos acostumbrados en España no es el mismo que por estos lares, y el cielo está plomizo, está lloviendo.



Nos dirigimos primero a desayunar para almacenar fuerzas. El desayuno del hotel es tipo buffet, por lo que tenemos varias opciones donde elegir (pan de molde, pan tostado, tortilla, huevos fritos, algo rebozado que sabe a patatas fritas, patatas a las finas hierbas, baicon, cereales, salchichas, fruta, café, zumo, yogur líquido... paro, no?... de todo). La planta del hotel del restaurante (la más alta y con mejores vistas) es un poco pequeña para la cantidad de gente que somos, y tenemos que esperar a que alguien termine para tomar asiento. Además de nuestro viaje, hay otra de alemanes y otra de italianos, que o están más acostumbrados a viajar, y van al "tonto el último" o la educación la dejaron en sus países. Mañana seguro vendremos antes, y de ese modo procurar estar en el desayuno cuando haya menos gente.

Tras desayunar, que desayunamos, tomamos el autobús, donde nos espera nuestra guía local, llamada Arta, para informarnos de todo mientras comenzamos a recorrer la ciudad. Sigue lloviendo, y a cántaros, la ciudad tiene calles inundadas, y eso provoca un pequeño caos en el tráfico, cosa normal según nos comenta Arta.

El primer lugar donde paramos es el mercado central. Es el mayor del país, y el tercero de la zona del mar báltico (como serán los otros dos, dios mio). Este está compuesto por cinco hangares enormes, donde en cada uno de ellos encontramos un producto básico, pero en enormes cantidades, tanto en lo que se refiere a cantidad de producto como a puestos de venta. Un hangar es sólo de pescados, otro sólo de carne, otro de fruta y vegetales (hortalizas), otro de productos básicos diarios (pan, etc...) y el quinto es de lácteos y derivados. Los hangares están conectados entre sí por un camino central. En la parte exterior también hay muchos más puestos (también con fruta, verdura, flores, ropa, complementos, ...). Arta nos cuenta que es el lugar de compra principal de la ciudad, además de los centros comerciales, que poco a poco comienzan a ser habituales en este país.





Abandonamos el mercado central sin comprar nada, y nos dirigimos al centro de la ciudad. La primera parada es en la catedral luterana del Domo. Yo de iglesias no conozco mucho, ni de estilos arquitectónicos, pero la catedral merece la pena verla. Personalmente me gustaron mucho sus vidrieras, con escenas  de momentos históricos de la ciudad. El interior es muy austero (como luego me enteré es típico de las iglesias luteranas). Tiene uno de los órganos más grandes de Europa, con 6768 tubos. Contiene un claustro precioso, donde están el museo de la historia de Riga y el de la navegación.





Tras visitar la catedral luterana, volvemos a las calles del centro, donde sigue lloviendo. La siguiente visita es la catedral católica de El Salvador, donde no llegamos a entrar, sólo la vemos por fuera. Situada en la calle Maza, llama también la atención 3 casas contiguas, denominadas las tres hermanas, siendo en concreto la número 17, la casa de piedra más antigua de Letonia (supongo que de las que quedan en pie en cascos urbanos). En Tallín (Estonia) también hay tres edificios del mismo estilo y época, que también se llaman, las tres hermanas. Pero seguimos en Riga aún. Seguimos callejeando a través de callejuelas de la época medieval, con piso tortuoso, con cantos no alienados, alrededor de la antigua muralla de la ciudad, aunque hay zonas donde no hay tal muralla (como la conocida como Puerta Sueca, única puerta de la antigua muralla que aún se conserva tal y como fue construida), y zonas donde si hay muralla, pero son partes reconstruidas, lógicamente en época más reciente. 



Tras visitar las calles alrededor de la muralla, seguimos visitando el centro. Siguiente parada la iglesia de San Pedro, de estilo barroco. Ha sido destruida en varias ocasiones, la más dramática en 1721 por caerle un rayo, y la última, en 1941 durante la ocupación nazí en la segunda guerra mundial.

Para terminar esta visita guiada por Arta, nos dirigimos hacia la plaza del ayuntamiento. Por el camino Arta nos informa de edificios relevantes de la ciudad, como la Torre de la Polvora, la única de las 18 torres que aún quedan en pie y la Casa de los Gatos, conocida por dos veletas en forma de gato enfadado en dos de sus esquinas (es por ello que el gato, junto al gallo, son los símbolos de la ciudad). Como decía, finalmente llegamos a la plaza del ayuntamiento donde también se encuentra el Palacio del Gremio de los Cabezas Negras, organización de comerciantes medievales, muy poderosos, ó Palacio Ducal, y lugar actual de trabajo del presidente del país. Esta plaza, igual que gran parte del centro historico, sufrió los avatares de la invasión nazi de 1941, y han tenido que ser reconstruidos.


A partir de este momento, serían aproximadamente las 13 horas, termina la visita guiada, y nos dejan el resto de la tarde libre. Después de tanto andar, lo primero que hacemos es parar en uno de los muchos bares y terrazas que contiene el centro, para refrescarnos un poco, con refrescos unos, y cervezas otros, viendo de forma relajada el bullicio del centro historico lleno de grupos de turistas como nosotros, y de lugareños en su día a día. Como ya va siendo hora de recuperar fuerzas, nos vamos a almorzar a un restaurante-buffet donde nos han recomendado ir, por su comida de calidad y sus precios economicos. Hablamos del restaurante LIDO (pertenece a una cadena de restaurante aleman repartidos por todo el báltico, veremos y comeremos en mas). Merece la pena, la comida muy buena, recién realizada y servida, y ¿barato? confirmado. Yo pedí una pasta rellena de salmón, requeson y tomate, acompañada con patatas a las finas hierbas (muy habituales por aqui)... buenisimo...



Una vez resuelto el tema de la comida, seguimos nuestro recorrido por el centro de Riga, visitando ya por nuestra cuenta, aquellos lugares más significativos, aún no vistos, como la Iglesia de San Juan, donde más que la iglesia, nos llamó la atención un monumento que hay en su plaza, procedente de la ciudad alemana de Bremen (ciudad hermanada con Riga). Dicho monumento es una figura con los cuatro músicos de Bremen, los cuatro personajes del cuento tradicional, en el como sabreis, un burro, un perro, un gato y un gallo, se pasean por pueblos y ciudades, tocando instrumentos musicales, hasta que consiguieron recuperar un tesoro robado por unos ladrones, escondidos en un caserón, asustando a dichos ladrones, haciendose pasar por fantasmas. Así, de ese modo, los cuatro músicos de Bremen, se quedaron con el caserón y el dinero, y tuvieron ya donde y de que vivir. El monumento tiene al burro situado sobre una piedra, la base del monumento, encima del burro, está el perro, encima de este el gato, y encima del gato, el gallo. Cuenta la tradición en Riga, que tienes que acercarte al monumento, lo más que puedas, y alzarte, de forma que intentes llegar a la punta de la nariz del animal mas alto. Cuanto mas alto llegues, mas suerte tendras en la vida.Ya os contaré, yo sobrepasé el burro, el perro, y con esfuerzo llegué al gato... (aunque en la foto no se vea porque en ella estaba mas relajado)... Muy alto tienes que ser para poder llegar al gallo. Como curiosidad comentar que justo enfrente de este momumento, hay un restaurante cuyo dueño es el conocido cantante italiano Al-Bano.



Tras este encuentro musical, decidimos alejarnos un poco del centro historico, para visitar uno de sus barrios más "chic" y de más renombre de la ciudad, el barrio de Art Noveau. Es un barrio donde sus edificios son de estilo modernista, pero con muchos detalles clásicos en sus fachadas, donde en sus ventanas y en sus balcones aparecen figuras de todo tipo (soles, angeles, caretas de carnaval, torres de castillos, ...). Como ya he comentado antes, no entiendo mucho de arquitectura, ni de arte (por no decir nada), pero merece la pena ver dichos edificios. Son preciosos, y algunos realmente impresionantes. El barrio es el típico de gente bien adinerada, aunque la pena es que muchos de estos impresionantes edificios están o bien abandonados, o en el mejor de los casos, en reconstrucción. El país sale poco a poco de años de dominio sovietico, y no todos tienen dinero para poder reconstruir los edificios, y el gobierno tampoco es que lo tenga como una de sus prioridades. Cuando todo esté recuperado, será increíble vivir en esta zona, será caro eso sí, pero increíble.

Se me ha olvidado indicar, que entre el centro historico y el barrio de Art Noveau, pasamos por el monumento de la libertad, símbolo de la lucha por la independencia letona, y junto a este monumento, pasamos también por la catedral ortodoxa rusa, aún presente en la ciudad, del siglo XIX (recordar lo que dije al principio de la mezcla de culturas por la cantidad de naciones y pueblos que han permanecido por aquí. Pocas ciudades europeas o del mundo, tendrán en su casco historico una catedral luterana, otra cristiana y otra ortodoxa rusa. Sólo falta la mezquita arabe y el templo budista, que igual también los habrá, jejeje).



El día está siendo completo, el cansancio empieza a hacer mella, y en realidad ya no queda nada turístico que podamos ver (que sepamos, claro), así que atravesando un parque precioso, por el que pasa un pequeño río, volvemos al centro de la ciudad, visitamos el interior de la Torre de la Polvora, donde se encuentra el museo de la guerra (poco que contar de él) y nos disponemos a refrescarnos y descansar un poco de tan ajetreado día, en una de las terrazas del centro. Lo de refrescarnos es una forma de hablar, porque igual he dejado de decirlo, pero sigue lloviendo...



Aprovechamos tras el descanso que parece que para de llover, o llueve menos, para ya con tranquilidad, volver andando al hotel (el recorrido que hicimos ayer de 2 Kms). Llegamos agotados, pero satisfechos con la experiencia y con todo lo que el centro historico de Riga nos ha proporcionado.

Cenamos, y nos acostamos temprano, muy cansados, y esperando recuperar fuerzas para el siguiente día, donde abandonamos Riga, con destino Tallín (Estonia), aunque antes de pisar suelo estonio, tenemos que pasar por varios pueblos y puntos de interés turísticos de Letonia. Pero eso ya será mañana. El día de hoy, por nuestra parte, llega a su fin.

Hasta la próxima Bloxperiencia.